lunes, 14 de noviembre de 2016

IDA VITALE: PENETRANTE Y VITAL


IDA VITALE: PENETRANTE Y VITAL


Las antologías tienen una función inexcusable: la de ser puentes y abrir campos de exploración, actuar como mapas plegables, atisbar, dirigir. Tal propósito no deja de ser una tentativa que combina a partes iguales arbitrariedad, azar y la sensibilidad del gusto del elector, filtro inevitable, en el repertorio de la selección, si bien la subjetividad del antólogo debiera afianzar lo que es más identitario y constante en el poeta antologado. 


A propósito del último premio Federico García Lorca a la poeta uruguaya Ida Vitale (1923) recientemente he hojeado dos antologías que cumplen esas premisas y que son un inmejorable y eficaz instrumento de aproximación a la complejidad de la propuesta poética de Vitale. Ambas, indudablemente, prometen una fiable panorámica de esta poeta tan singular, versátil y cautivadora que hizo de su lenguaje una fórmula de depuración y síntesis. La primera antología, Todo de pronto es nada, es la que publicó la universidad de Salamanca tras la concesión del premio Reina Sofía a Vitale, edición a cargo de la profesora María José Bruña Bragado, que escribe un interesantísimo estudio introductorio. La segunda, Sobrevida, la publica la granadina Esdrújula y tiene la virtud (la suerte) de contar con el criterio electivo otra Minerva Margarita Villarreal (no se pierdan, en la misma editorial, su libro Epigramísticos). [Más abajo copio un poema que aparece en ambas antologías.] 


La poesía de Vitale, penetrante y vital, surge de la precisión de una mirada, de saber concentrar y reducir, de la exactitud en la colocación de los límites significantes; es, así, la recompensa de una atención profunda, como si la observación tuviera un propósito de elevación, de exaltación del mundo y como si a su poesía la acompañase en todo momento una determinación interrogativa. "La escritura es la luz en el laberinto" sentenciará. Para Vitale el primer plano de la poesía debe estar el lenguaje, que es la forma más particular de ordenar el misterio, de sumar razones constructivas y vertebradoras del mundo. Sobre esa idea, no olvidemos aquello que escribiera contundente mi admirada Alejandra Pizarnik: 

“Creo que de todos el poeta es el más extranjero. Creo que la única morada posible para el poeta es la palabra.”



CUADRO

Construimos el orden de la mesa,
el follaje de la ilusión,
un festín de luces y sombras,
la apariencia del viaje en la inmovilidad.
Tensamos un blanco campo
para que en él esplendan
las reverberaciones del pensamiento
en torno del ícono naciente.
Luego soltamos nuestros perros,
azuzamos la cacería,
la imagen serenísima, virtual,
cae desgarrada.


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