miércoles, 10 de mayo de 2017

ENTREVISTA A RAMIRO GAIRÍN


ENTREVISTA A RAMIRO GAIRÍN


¿Quién es Ramiro Gairín, si se puede saber?

Empezamos por la más difícil, me temo. Entiendo que para lo que a esta entrevista se refiere, es un ingeniero de montes zaragozano que escribe poemas, y que ha publicado algunos libros. Para definirme más en profundidad, creo que ya se necesita a los demás.

¿Qué atributos y virtudes, qué sensibilidades, definen a un auténtico poeta?

Me gusta y empleo siempre que puedo una definición de Juan Marqués que dice que el poeta debe tener algo que decir, y saber decirlo con algo belleza y algo de misterio, entiendo que para que su experiencia, lo que comunica, sea capaz de convertirse en algo universal. Pero como ingeniero que escribe poemas no me veo todavía teorizando sobre la auténtica poesía.

¿Dónde empieza el poema y dónde terminan las palabras? ¿Es la poesía, siguiendo a Foucault, lo inconsciente por saber, lo no pensado?

Me alineo con quienes dicen que gran parte del poema está en lo que no está, en lo que se deja fuera, en los espacios/silencios que presenta. Creo que hay mucho poema en todo lo que el lector pueda rellenar entre los huecos de los versos que tiene escritos delante. Amigos: / esta vida/ nos oculta algo, dice Corredor-Matheos. Ahí está la poesía, desde luego. Pero también en lo que se nos muestra a plena luz, en lo que de puro evidente y cotidiano no nos dice nada hasta que alguien lo escribe y lo convierte en poesía. Es lo que intento hacer yo.

¿Qué prefieres, transgresión o calma?

No hay por qué elegir, creo. Yo escribo una poesía “de la calma”, horaciana, de la búsqueda de la felicidad en el día a día. Pero me gusta leer de todo; hay poesía con la que conecto que puede resultar transgresora o tener esa etiqueta, y que disfruto, y otra que no, por mucho que sea destacada por crítica y público. Por suerte hoy se publica en editoriales de distinto signo poesía muy variada.

¿Aparece el texto con la precisión de un resorte mecánico que se dispara o eres proclive a rumiarlo y también a enmendarlo y revisarlo obstinadamente una vez escrito?

Soy rumiante, sin duda. Aparecen algunos versos como por resorte, dos o tres que a lo largo de una tarde se convierten en ocho o diez. Pero luego empieza el juego: arreglos, versiones, toqueteos... Pasados a limpio, pasillo arriba, pasillo abajo, cuando estoy solo en casa o por las noches, los repaso mil veces, los reordeno, decido quitarlos del conjunto años después...Mis poemas, que suelen ser breves, son obstinadamente revisados y reescritos.

Recuerdo haber escrito en algún aforismo reciente que el poema ha de leerse en una de estas dos posiciones. O en una oscuridad casi completa, o ante una claridad provocadora. ¿Estoy en lo cierto?

Yo lo cumplo, desde luego. Yo leo poemas por las noches, en el sofá, bajo la luz amarillenta de la lámpara de la mesilla, o caminando por la calle a plena luz del día; si hace sol, debo ponerme gafas oscuras para que no me deslumbre la página.

Sobre tu último libro, ¿qué es Lar?, ¿cuál es su significado? Háblanos del libro. Si no me equivoco, empieza con un verso de Lezama Lima, que Caballero Bonald empleó para titular una de sus novelas: Toda la noche oyeron pasar pájaros. En él se pone de manifiesto la disciplina de escribir sencillo, la poesía reducida a un hormigueo dialéctico y amoroso.

El verso con el que comienza es, realmente, una anotación de los diarios de Colón antes de tocar tierra en su primer viaje (hay partes redactadas en tercera persona en ese diario). La presencia de los pájaros toda la noche indicaba que se encontraban cerca de la costa. Llegaban a su destino y, a su vez, como era un destino desconocido, empezaba una aventura. Lo mismo ocurre con los “protagonistas” de Lar.

Porque Lar añade una nueva colección de pequeños poemas a la obra en marcha que se inició con Que caiga el favorito y cogió vuelo en Por merecer el día (todos publicados por Prensas de la Universidad de Zaragoza, en su cuidadísima colección poética “La Gruta de las Palabras”). En todos estos libros, se convierte a los amantes en sujetos poéticos y a su amor en una teoría del conocimiento.

Lar en concreto se funda sobre las diferentes acepciones del término que lo titula: los amantes han llegado a su lugar en el mundo, el hogar compartido, y a su vez la amada desempeña el papel de los lares, antiguas divinidades domésticas, dando sentido a ese hogar. Se organiza en tres bloques (Física, Ética y Lógica) a la manera en la que organizaban sus sistemas filosóficos las filosofías helenísticas, que estaban más preocupadas por aprender a saber vivir que por explicarse las causas últimas de las cosas. Los amantes ahora deben aprender a vivir en su nuevo lar, y así construirlo.

El mar en el buzón conspiraba desde un estilo indirecto, abstracto, si cabe, desde la prosa poética.Aguanieve, en cambio, lo integraban poemas construidos con haikus encadenados. ¿Cuánto hay de cambio, de evolución?

Yo creo que en mi poesía hay dos líneas, o una línea y algunas fugas o escapes. Por un lado, esa obra en marcha, esos libros que van formando un gran cancionero, del que la última y reciente entrega es Lar. Por otro lado, otros libros que han ido surgiendo por el camino y reúnen poemas que han querido ser escritos de otras formas: los poemas más irracionales o crípticos de mi primer libro, Pintar de azul los días laborables; los poemas en prosa de El mar en el buzón, que contaban una historia; los haikus encadenados de impresiones del paisaje urbano en Aguanieve... Creo que eso que se llamaría una voz propia hay que buscarlo en los libros de “La Gruta de las Palabras”, y el intento de ser otro, hacer cosas diferentes, disfrazarme, está en los demás libros.

En tu caso, ¿qué es lo que haría la función de marco en un poema, qué lo sostiene?

El marco de mis poemas es mi ecotopo. Jesús Jiménez copiaba en Facebook un poema de mi libro Lar hace unas semanas (“Higos de San Lorenzo”) y me proclamaba el William Carlos Williams aragonés. Más allá de la honrosa y evidente exageración, tan aragonesa, esto me sirve para contestar a tu pregunta. El marco referencial de Williams era su Paterson y las cosas que en él le pasaban, el mío es mi hábitat (incluyendo espacio físico, personas con las que convivo, la mujer que amo) y lo que conozco y aprendo del mundo a través de todo ello para vivir, como diría otro poeta, totalmente de acuerdo con la vida.

En El mar en el buzón está este verso: "No sé extraer símbolos, escribo lo que veo. Estoy ante el prodigio, no hay lección necesaria." ¿Crees que en poesía lo imaginario es tan sólo lo impredecible, que jugamos con la falta de precisión del lenguaje para crear asociaciones novedosas y conjunciones imposibles de palabras? ¿El prodigio, lo poético, viene solo? ¿Es casi una revelación? ¿Cómo se da?

En mi caso, muchas veces el prodigio poético, el aware, viene andando. En ocasiones sí es como una revelación. Y en ocasiones viene con sus palabras, con sus términos no del todo claros incluso para el poeta, pero que aun así dicen una verdad que otros no han dicho de esa manera y este poeta necesita decir. Pero la precisión en el lenguaje, el encontrar sin mayores retorcimientos expresivos las palabras exactas para dar cuenta de un momento único, que aunque se repita cada día no nos hemos fijado, también puede crear gran poesía.

Esa preocupación por el lenguaje se da en Lar en poemas como La teoría, que transcribo completo:

El manual de Teoría Lingüística

dice que es agramatical que puedan

los telescopios mirar las estrellas
o las cucharas cargar las lentejas.


Así, la teoría dice que no podrán

tu pañuelo olerme el cuello,

tus nudillos ser procaces
ni tu forma de ir en bici
hablar la lengua iniciática.


Sea entonces nuestro amor

agramatical y práctico.



¿Crees que las posibilidades indagatorias del lenguaje surgen de sus propias limitaciones?

Entiendo que sí; estoy de acuerdo. Es más, creo que siempre el poema final queda lejos del poema imaginado, de lo que se quería plasmar y transmitir, porque el lenguaje, el arma más poderosa y misteriosa que tenemos los humanos, es limitado; aun así, a partir de esa evidencia, forzándolo, trabajándolo, se pueden encontrar gemas. Pero, insisto, esto te lo dice un poeta que, por lo general, sobre todo en los últimos años, busca no torturar al lenguaje, no exprimirlo, sino utilizar un caudal más común, los términos compartidos con los demás hablantes, para despojarlos y colocarlos en el lugar preciso para que hablen de la poesía que nos rodea.

¿Cuáles serían tus obsesiones temáticas? Aparte de la del amor, que es una constante en tu poesía.

Un poco, y aunque suene ambicioso o pretencioso, dejar registro de mi tiempo. Ojalá que alguien, dentro de muchos años, pueda coger mis libros y decir “así vivía, así sentía y pensaba un escritor y un ciudadano de una ciudad mediana de la España de los dos mil diez, dos mil veinte; me puedo meter en su piel”. Por ello escribo, fuera de la temática amorosa, para poder hablar también de mi paisaje cotidiano, de lo que pienso cuando camino, de lo que me parece hermoso de cuanto me rodea, de mi dolor y el de los que me circundan, de las lanzas que se van esquivando y de las que nos atraviesan... Pero con un intento claro: evidenciar que en mi tiempo, en mis circunstancias, que son generalizables, se puede ser feliz, encontrar razones.

En Los que te quedas tú, escribes: "Los mejores poemas, / los que de verdad cuentan nuestra historia, / son los que se desvanecen, / los que solo se adivinan, / los tres o cuatro versos / que algunas noches dejo de apuntar / por miedo a despertarte. "¿Por qué motivos renunciarías a la escritura?

Espero no tener que hacerlo nunca (otra cosa es que la escritura renuncie a mí). Está claro que, si dejando la escritura pudiera salvar a un familiar o a alguien querido de morir, por poner un ejemplo peliculero y acientífico (espero), lo haría. Pero no quiero tener que hacerlo ni por trabajo, ni por hijos, ni por otras circunstancias normales de la vida. En ese caso, dejaría de ser yo; porque yo, Ramiro, soy alguien que, además de hacer otras cosas, escribe poemas.

Lar acumula unas cuantas citas más o menos directas. La voz a ti debida de Pedro Salinas. Jesús Aguado. Vasko Popa. Santòka, el Tao. ¿Qué lees ahora? ¿Qué escritores te han influido más?

Ahora mismo ando con relecturas hispanoamericanas que me piden en la UNED (estudio, con calma, Filología): Vallejo, Neruda, Gallegos, Borges, Onetti, Carpentier, Vargas Llosa… Y estoy leyendo últimamente mucho clásico, también: trágicos griegos, Horacio (un ejemplar de sus Odas debería venir con cada mesilla de noche Hemnes en Ikea), Virgilio (¿cómo tardé tanto en leer la Eneida?), Catulo, Safo…Y, en medio, lo último que ha caído en mis manos de Charles Simic y de Mark Strand.
Por otro lado, en el libro hay dos citas directas más, que son Emily Dickinson y Marco Aurelio. Y, aparte, creo que se ha tenido que deslizar cierta atmósfera o temperamento de autores del beatus ille y de la celebración de la vida: Fray Luis de León, W.C. Williams, Eloy Sánchez Rosillo, J.A. González Iglesias;y de otros poetas contemporáneos y geográficamente próximos.

¿Qué te gustaría descubrir en otro poeta? ¿Qué tener de otros?

No busco descubrir cosas concretas en otros poetas, me enfrento a la lectura esperando conmoverme, sorprenderme, lo que venga. Sí te puedo decir, por no irme muy lejos, que intento aprender de poetas aragoneses (nuestra poesía está en un momento importante, me parece) a los que admiro y con los que encuentro, sobre todo con algunos, cierta afinidad estética: Juan Marqués, Fernando Sanmartín, David Mayor, Jesús Jiménez Domínguez, Ángel Gracia u Olga Bernad, por ejemplo. Pero el listado, ampliado a España y el mundo, ocuparía muchas páginas, claro.

¿Alguna recomendación de poesía reciente?

Últimamente me han encantado Contra las cosas redondas de Jiménez Domínguez, Blanco roto de Juan Marqués, Hierba en los tejados de Rafael Espejo, Ecosistema de Josep M. Rodríguez, Quien lo diría de Sánchez Rosillo, y he vuelto a repasar y maravillarme con Mapamundi, la antología de poemas del SXX que preparó para Siltolá Martín López-Vega hace un par de años. Y ahora me está gustando mucho Siguiente vitalidad de Natalia Litvinova en La Bella Varsovia.

¿Nos regalas un poema inédito?

Por supuesto, ahí va:


VUELOS

Es otra manera de inaugurarla:
unos años después,
en esta casa ya hemos aprendido
los dos a soñar que volamos.

Yo flotando a lo largo del pasillo
y girando en las puertas
con voltereta, como un nadador.
Tú cuando por la calle
notas cómo te empiezan a pesar
las piernas y no quieres llegar tarde,
ni cansada, ni triste.

Pero nunca la misma noche.
Siempre uno de los dos queda de guardia
para que al otro no se le haga
más difícil la vuelta.





1 comentario:

  1. "en esta casa ya hemos aprendido
    los dos a soñar que volamos."

    Qué magnífica sonoridad en estos dos versos.

    Gracias. Una entrevista sincera, agradable, precisa y que se disfruta.

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